• La voz de una sandinista que mantiene su lealtad a Ortega

    By: Por GABRIELA SELSER, Associated Press

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    MANAGUA (AP) - En la puerta de la pulpería “Evelia” no hay banderas del Frente Sandinista, pero todos en el barrio conocen a su dueña. Nunca recibió una casa ni láminas de zinc para su techo, pero cada vez que hay elecciones en Nicaragua ella vota por Daniel Ortega.

    “A mí no me han regalado nada. Lo que tengo me lo ganado trabajando como comerciante”, dice en entrevista con The Associated Press doña Evelia Teodora Herrera Zeledón, una mujer de 74 años, cabello blanco y precaria salud.

    Una voz como la suya no suele resonar demasiado en la prensa internacional, que en el último año ha estado ocupada cubriendo denuncias de represión y violencia por parte del Estado, pero es una de muchas que ha mantenido una vida de lealtad al sandinismo, que este viernes celebra 40 años del triunfo de la revolución.

    Doña Evelia tenía 34 cuando los sandinistas botaron al dictador Anastasio Somoza, el 19 de julio de 1979. Una década antes había emigrado del campo para “buscar mejor vida” y se instaló en Managua, donde se casó, tuvo un hijo y puso la pulpería, como se conoce localmente a una pequeña tienda de abarrotes.

    No le costó dejar su pueblo natal en las montañas de San Rafael del Norte, donde el patriota nacionalista Augusto Sandino combatió una intervención militar de Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado. Sin embargo, por no ser "estudiada", trabajó durante dos décadas en un colegio privado limpiando las aulas y cuidando niños.

    Durante la lucha antisomocista, toda su familia apoyó al Frente. Su hijo, su hijastro, su hermana y su cuñado fueron guerrilleros y ella misma trasladó armas en la camioneta de su marido para “los muchachos” que combatían al tirano. Una de sus hermanas ahora es la alcaldesa sandinista en San Rafael del Norte.

    “Cuando triunfó la revolución sentí una gran alegría, porque con Somoza no se podía vivir; la guardia perseguía a los chavalos (jóvenes) para echarlos presos o matarlos”, dice al recordar aquellos días.

    Ella no cree que en Nicaragua haya otra dictadura, pese a que muchos comparan a Ortega con Somoza por haber prohibido las manifestaciones opositoras y por sofocar con violencia las protestas sociales de 2018. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la acción de la Policía y los paramilitares dejaron al menos 325 civiles muertos, 2.000 heridos, más de 700 presos y 62.000 exiliados.

    “Nadie sabe quién mató primero o quién mandó a matar… Los canales de televisión y los derechos humanos dicen lo que quieren”, alega la mujer. Aunque reconoce que “muchos cayeron" abatidos por las fuerzas gubernamentales, asegura que “igual sufren las madres de los policías muertos”.

    También se queja de que “por la crisis no hay trabajo, la economía está mal” y las ventas se fueron abajo también en su pulpería. Sin embargo, no cree que el gobierno sea responsable de eso. Tampoco le importa que Ortega se pueda reelegir indefinidamente ni que se haya enriquecido desde que llegó al poder en 2007, como lo afirma la oposición.

    “Todos los que llegan al poder abusan y roban, eso así es, pero al menos el comandante hizo cosas buenas. Yo he visto caminos que eran para bicicletas y ahora hay carreteras; en el campo hay electricidad donde antes la gente se alumbraba con candiles”, enfatiza.

    La última encuesta de la firma CID-Gallup reveló que un 77% de los nicaragüenses creen que “el país va en rumbo equivocado”, y una mayoría de 54% evaluó “muy mal” la gestión presidencial del comandante Daniel Ortega. En cuanto a las preferencias políticas, solamente un 18% dice apoyar al partido Frente Sandinista y el 10% a otros partidos, mientras que un 72% declaró no respaldar a ninguna agrupación partidaria.

    Aunque es religiosa como la mayoría de los nicaragüenses, dice que ya casi no va a misa porque los sacerdotes critican al gobierno. “Yo le pido a dios que esta situación mejore, pero también le pido que los sacerdotes no se metan en política. Los curas no deben ser políticos porque la lengua también mata”, señala.

    Viuda desde hace cinco años, a doña Evelia la ayuda su hijo cuando recae en sus problemas lumbares o circulatorios. También su hermana la alcaldesa le envía dinero y la apoya si tiene una emergencia médica.

    “Yo no tengo más que esta pulpería y nunca pedí nada al Frente porque no hice nada por interés económico”, subraya. Y agrega: “Pero soy sandinista porque toda mi familia lo fue. Jamás voy a cambiar y así me moriré”.

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